Vivir con quien amas es un arte. Lo que significa una pasión, una habilidad, pero además fuerza interior, inteligencia, generosidad y mucha creatividad. Es cierto, no todos accedemos al mundo maravilloso del amor, pero eso no implica que no estemos llamados a hacerlo.
Son tan complejas las ramificaciones de la vida amorosa y tantos los factores desestabilizantes que hay que aplicarse para que tu amor crezca y no se estanque.
El reconocimiento de la milagrosa presencia de tu pareja es un buen inicio.
El universo ha "conspirado" en su totalidad para que puedas estar ahí frente a la belleza y misterio del ser amado, ese espíritu-en-el-mundo. Esa persona es, por decirlo así, en conexión constante con las indescriptibles e incontables circunstancias que hacen posible su irrepetible y valiosísima existencia. Su ser- ahí (dasein) se debe a un juego de probabilidades que nadie puede entender completamente a excepción de Dios, pero que por otro lado son evidentes.
Perder la oportunidad de contemplar al ser amado como el milagro que en verdad es, significa dejar de asistir a lo mejor que la vida y la realidad pueden ofrecer. Estar ausente - moral y psicológicamente- de la relación con tu pareja (porque para amar no es indispensable la presencia física), significa un adormecimiento, una alienación que te arrebata toda posibilidad de trascender y trascender-se en la experiencia de amar.
En ausencia del asombro ante el amor, en su devaluación existencial, las personas se compensan con experiencias más egoístas, caprichosas y menos hondas. Su pareja les parece algo "expendable" o sustituíble. De esta forma nos podemos quedar en la superficie de la vida humana, tal vez atrapados entre el condicionamiento, el capricho y la expectativa.
No se logra mucho en el tema cambiando de pareja constantemente, porque el amor no es una cata de vinos o una pasarela. Tampoco un "reventón" eterno o una carrera profesional. El amor es un misterio donde tu capacidad de vivir está implicada en tu capacidad de amar: el que ama poco, vive poco; pero viviendo poco no echa de menos ni al amor ni a la vida que no vive.
Esa es la mala fortuna de las personas que aún no han aprendido a amar.

La Balada del Vidente by Raúl Trinidad Cerda Pérez is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.
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