Este título es una de esas paradojas que el leguaje no es capaz de expresar plenamente. El significado de esta frase apenas es soportado por las palabras que intentan llevarlo sobre sus espaldas.
Así sucede con todo lo que es vital, con todo lo que es espiritual. Las palabras no hacen sino señalar y apuntar una hondura. Giran en torno a una profundidad de la realidad que nos abisma y al mismo tiempo nos deslumbra.
Con esas previsiones quiero retomar.
Se dice que nadie da lo que no tiene y esa es la lógica de lo material. Si no hay mercancía en existencia no podemos vender. Pero esta lógica se agota en las inmediaciones del corazón humano, porque en los asuntos del amor no hay precariedad y la riqueza se multiplica sin perder integralidad. Cuando se ama no es posible estar o quedarse sin inventario, siempre hay y habrá más.
Cuando se dona algo desde el corazón, en su lugar no queda un vacío, sino que en ese mismo instante, desde la insondable maravilla del espíritu humano, surge un nuevo brote, una renovada fuente. Esto es un proceso inagotable.
Por eso, si necesitas amor has de darlo y si quieres que te perdonen, has de perdonar... la piedra de toque es el amor. Ese movimiento que viniendo del corazón, expresa toda la fuerza del alma.
De manera inversa si intentas quedarte lleno te vaciarás, y si no das dejarás de tener.
Todo lo que necesitas llegará cuando aprendas a darlo a manos llenas.

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