La teoría del big bang, ahora es una premisa científica elevada a axioma por la enormidad de datos que la nueva física y la astrofísica han ido acumulando en base a la experimentación y a la exploración del cosmos, vía aceleradores de partículas y telescopios de espectro electromagnético, de paralelaje y satélites especializados.
Existen tres teorías al respecto del Universo. O bien éste tuvo un principio, se expande y decae, o bien es eterno (materialismo y espiritualismo absoluto). Por último hay una combinación de las anteriores, la tesis que plantea un Universo que se expande y luego se contrae ad infinitum. A ésta última idea se le conoce como Universo pulsante.
De las tres posturas sólo la primera tiene un fundamento metafísico y además es congruente con las evidencias empíricas que permiten un tratamiento científico del problema. Las otras dos son insostenibles a no ser en su carácter de doctrinas filosóficas, en cuyo caso no cabe hablar de science facts.
El acuerdo de los astrofísicos es que el Universo tiene una velocidad de expansión que impide que la masa pueda contraerse. El fenómeno tiene que ver con la segunda ley de la termodinámica: la cantidad de entropía que se introduce en un sistema, se incrementa con el tiempo y el desarrollo. Esto significa que el Universo no puede traducir todo el trabajo invertido en la expansión para lograr contracción. En otras palabras se necesita una cantidad de energía superior ―a toda la disponible en el universo― para que se diera una involución sintrópica.
Todo esto es importante para la visión cristiana de la Creación que enseña una visión lineal del tiempo y el espacio que tiene un principio y un fin. Se rechaza, a la luz de la ciencia positiva y de la especulación metafísica, el ciclo eterno universal proclamado por algunas teosofías orientales y la postura materialista por igual.
Por otra parte, tampoco se sostiene la teoría de que el Universo surga de una sustancia eterna indiferenciada, como lo planteó el filósofo Spinoza, postura que señala que la dualidad espíritu-materia sólo nos aparece como una especie de ilusión y así mismo su “aparente” dinamismo.
La tesis de la ilusión (Spinoza) y la materialista atea, están muy próximas. Ambas son susceptibles a la reductio ad absurdum y se estrellan contra la evidencia científica recogida por los modernos recursos de investigación del cosmos. Bajo la premisa de que el Universo siempre ha estado allí, no es posible darle importancia a los relojes, ni organizar bases de datos que señalen interacciones válidas. Al rechazar la idea creacionista caemos en la necesidad de aceptar al universo como absoluto e inmutable, teniendo entonces que aceptar que todo lo que parece dinamismo y evolución únicamente es una apariencia. No podremos además explicar el salto materia-vida, ni vida-espíritu.
La Creación, punto de partida del universo, apunta a una Causa remota y primera, incausada, que puede “disparar” el comienzo, sin estar sujeta a éste. No es posible pensar que el Universo ―si tiene un principio― no tenga una Causa necesaria diferente de él. Así se desvanecen la tesis materialista y spinocista.
La tesis spinocista está en las antípodas del materialismo pero ambas sufren del mismo mal: no pueden explicar la convivencia de una Causa primera y la creación material. En el primer caso tal convivencia se elimina fundiendo ambos factores (en el spinocismo la causa y la manifestación son idénticos y sólo en apariencia distintos). En el segundo caso ―materialismo― el Universo siempre ha estado allí sin ningún comienzo, lo que significa eliminar el problema eliminando la causa, pero aceptando el efecto. Sin embargo, eliminar el comienzo es problemático, y contradice el sentido común de la ciencia, que nos enseña que todo efecto tiene una causa y que a su vez, una causa sólo puede considerarse como generadora de un efecto, si es eficiente.
No podemos decir con propiedad que la materia sea causa eficiente de sí misma, ya que esto no es una afirmación que aporte ningún conocimiento, constituyéndose en lo que Kant llamó juicio apodíctico, es decir algo que no puede exponerse a la refutabilidad, de lo cual no puede obtenerse nada que no se haya dicho ya.
En ciencia, si algo no es refutable o falible no puede contribuir a la construcción del conocimiento.
Pero el creacionismo cristiano no sólo es compatible con la evolución y los hallazgos de la física-matemática, sino con la ciencia fáctica y la metafísica. El creacionismo permite a la ciencia avanzar dado a su afinidad con el descubrimiento de causas, orden y leyes inteligibles, que permiten la investigación y adquisición del conocimiento, que apuntan a su vez al Diseñador Inteligente: Causa necesaria del Universo contingente.
El materialismo y el spinocismo, son posturas nos apartan de acceder a la realidad con ojos científicos. Son, por otra parte, una amenaza para la Fe. La razón y la Fe apuntan a una Causa incausada del Universo, aquello que denominamos Dios.

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